Gracias por ser, Cristóbal

Cristobal Colón Palasí
La primera vez que oí hablar de Cristóbal Colón fue a través de mi padre, Alberto Arqued Bravo, farmacéutico y una persona con una profunda vocación de servicio.
Recuerdo que estábamos comiendo unos yogures de La Fageda, que él había conocido durante su estancia en el Hospital Vall d’Hebron tras sufrir un infarto. De fondo sonaban las Variaciones Goldberg, de Johann Sebastian Bach, una de sus obras preferidas.
Entonces me habló, con verdadera admiración, de un psicólogo que había creado una empresa en la que trabajaban personas con “otras capacidades”.
No se trataba de mantenerlas ocupadas, sino de ofrecerles un trabajo real, útil y reconocido. Una oportunidad para recuperar la autoestima, desarrollar sus capacidades y sentirse parte de la sociedad.
Mi padre falleció en 2013. Poco después organicé, junto con los monjes de Montserrat, las jornadas Valores y Liderazgo: un camino para una buena dirección, inspiradas en la Regla de san Benito.
En aquella primera edición, los monjes invitaron como ponente a… Cristóbal Colón.
Cristóbal aceptó generosamente compartir su manera de liderar, de entender el trabajo y, sobre todo, de mirar a las personas.
Para mí, la vida cerraba un círculo.
Más tarde descubrí una coincidencia que todavía hizo aquel encuentro más especial: en la granja de La Fageda ponían música clásica a las vacas y entre las obras que sonaban estaban, precisamente, las Variaciones Goldberg.
Cristóbal explicaba también con mucho sentido del humor una anécdota de los inicios de La Fageda. Cuando fue a un banco a pedir financiación para crear el proyecto, imaginaba el desconcierto de la persona que lo atendió:
—»Hola, me llamo Cristóbal Colón y necesito dinero para crear una empresa con personas procedentes de un hospital psiquiátrico».
Contaba, divertido, que al empleado del banco casi le dio un colapso.
La historia hace sonreír, pero detrás había una enorme determinación. Cristóbal tuvo la valentía de ver capacidades donde otros solo veían limitaciones. Y no se limitó a denunciar una realidad deshumanizadora: construyó una alternativa.
Una organización exigente, sostenible y profundamente humana.
Nos demostró que la sensibilidad y la eficiencia empresarial pueden avanzar juntas. Que el trabajo puede aportar dignidad, identidad y sentido de pertenencia. Que el beneficio es necesario, pero puede ser un medio y no el fin. Y que una empresa es verdaderamente grande cuando pone sus capacidades al servicio de las personas.
Eso es liderar con propósito.
Eso es convertir los valores en decisiones y los discursos en hechos.
Eso es dejar un legado.
Qué gran hombre.
Gracias, Cristóbal, por tu ejemplo, tu coherencia y tu valentía. Gracias por demostrar que otra forma de liderar y de hacer empresa no solo es posible: también funciona.
Gracias por ser.
Alberto Arqued
Sede21 | Valores y Liderazgo: un camino para una buena dirección
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